Fallo certamen “Verso tras los cristales”

Fallo certamen “Verso tras los cristales”

ACTA ADJUDICACIÓN PREMIOS DEL CERTAMEN “VERSOS TRAS LOS CRISTALES ”   En reunión celebrada mediante videoconferencia a las 18,00 horas en la ciudad de Jerez de la Frontera el 9 de julio de 2020, el Jurado del Certamen “Verso tras los cristales” del Ateneo de Jerez compuesto por las personas ateneístas Margarita Martín Ortiz, Patricio Pérez Pacheco,  Ana María García Gutiérrez, Juan de Dios Naranjo Jiménez y José Manuel Simancas Berraquero acuerdan, tras las correspondientes deliberaciones, otorgar los siguientes premios a los poemas presentados en el certamen “Versos tras los cristales”: En Jerez de la Frontera, siendo las 20 horas de 9 de julio de 2020 Jurado Certamen “Versos tras los cristales” Ateneo de Jerez
  • 1er Premio: “Atrapada”. Autora Paz Cerrillo Cruz

ATRAPADA

Alboroto en tenue aletear,

esponja emergente desperezándose,

cantos acallados, desposeídos,

manjar sin nadie que los amamante…

¿quién sabe de mi soledad?

¡Caricia y destello, y gozo

y losa y paz!

Ellos se van, mas yo me quedo…

¿Qué importa? ¡El sol también sueña

en soledad!

  • Accésit: “Hogar”. Autor Víctor Castillo Bellido

HOGAR

 No entiendo porque huyen de ti;

porque te llaman cárcel y ni siquiera te respetan.

No entiendo sus ansias por escapar, por salir a la intemperie

y sentir el desamparo de la muchedumbre que vocifera.

Entre tus paredes albergas los susurros de una infancia,

tantas veces añorada con lágrimas de néctar.

Tus techos se impregnaron de las risas

que ascendieron evanescentes,

como el vapor de nuestra esencia.

En la pintura que maquilla tus paredes

guardas los deseos y las canciones

que entonamos en Nochebuenas eternas.

En los vértices de tus muros proteges nuestros sueños

como polluelos en una amalgama etérea, mientras

tu suelo vibra con los pasos que dimos siendo niños,

en aquellas noches de gélida impaciencia.

No entenderé jamas porque huyen de ti, ni porque escapan

de tu clemencia.

Ni entenderé que te denosten,

cuando tantos otros añoran tu ausencia.

Tu eres el lienzo donde pintamos con acuarela,

para que el tiempo les hable a otros de nuestra presencia.

Tu eres nuestro refugio en esta tierra;

el cofre donde guardamos a las personas mas queridas,

entre tu calma serena.

Tu nos resguardas del frio y del calor, y de este virus que nos amedrenta.

Tu atesoras las confidencias de una vida sin pedir nada a cambio;

como un amigo, como un faro en la tormenta.

Y aunque lo sigan haciendo,

aunque te avasallen sin benevolencia,

siempre serás nuestro castillo;

nuestra vieja cabaña en la estepa.

Un lugar con muchos nombres,

algunos sin la identidad ni el respeto que merecieras;

pero para nosotros siempre serás el lugar

donde titilan nuestros recuerdos,

como si fueran estrellas.

Este jurado desea reconocer igualmente como finalistas, y por orden alfabético, los 5 siguientes relatos:  
  • “Como las hojas”. Autor Miguel Ángel Romero García

COMO LAS HOJAS

Siguen las hojas

derramadas por la acera,

revoltosas danzan

al son del viento.

Se olvidó el barrendero

de mi calle;

–esta condena viral no distingue oficios-

el viento no olvidó su empeño.

Ahí siguen las hojas,

graciosas, saltarinas,

bailarinas de lo inesperado.

Expectante de la brisa:

igual que las mata,

silva,

y las resucita.

Siguen mis ojos

clavados en la acera,

pellizco de asombro

por cada baile;

insurrección,

por cada vuelo.

-Somos como las hojas-,

pienso en un parpadeo,

cuando creemos ser

hemos dejado de serlo,

y nos mece la vida

y nos cuesta creerlo.

Cuando la razón va

el amor viene inquieto

y nos eleva los sueños

y nos mata despiertos.

Sigue mi corazón

esparcido en el deshielo,

sobrevolando cauces,

recorriendo intentos;

tal vez, colmado de hojas,

tal vez, colmado de vientos.

  • “De fuera hacia dentro”. Autor Miguel José Fernández Hernández
  • DE FUERA HACIA DENTRO

Dame el lugar que ayer quedó sellado

cuando volvimos sol nuestro pretérito;

perfecto, sin más síntomas ni mérito,

tan simple sin más luz a nuestro lado.

 

Cambia el valor que oscuro, acobardado,

 duerme en mi habitación de novio emérito,

pues no hay un proceder más benemérito

que aquel que con tu amor fue despertado.

 

Seguir sin ti es morir de cuarentena,

en confinada y nula reconquista

donde un eco tras eco me encadena.

 

Tienes la condición de especialista

para la cual mi vida no es ajena,

para cualquier dolor que se resista.

  • “Las hojas”. Autor Daniel Salomone González

LAS HOJAS

Veo al mundo como a un árbol de la acera.

Toda hoja nace y muere tan de prisa

que algunas tristes, sin ton ni sonrisa

caducan y se rompen en la espera.

Otras prefieren arder en la hoguera

y unidas a otras son fuel de la risa

Pocas, perennes, disfrutan la brisa

y soportan invierno o primavera.

Muchas rotas por el viento que acosa

se desploman sobre alguna baldosa

y si las pisan, crujen sin consuelo.

Yo adoro esa hoja que escapa del suelo

porque sabe que si no encuentra el vuelo

vivir y morir son la misma cosa.

  • “Poemas de amor”. Autor Rafael Restaino
Poema de amor  I Desde que estás a mi lado, amada mía,                 retroceden como perros asustados      mis banderas tristes,                            mis pañuelos húmedos, mi marcha de fantasma sobre cristales rotos.                       Y como nunca antes, amada mía, toco las campanas de júbilo y me agito en un torbellino de sangre, de noche, de cuerpos húmedos, de sueño y carne.   Qué importa quién te trajo hasta mi cruz de estrellas si desde que estás a mi lado en este encuentro y desencuentro que es este caminar inclinado                                     te has convertido en un río marero,                          en un celeste opulento,                                                              en una patria a la que estoy deletreando.   Mujer que me has llegado de lejos y siempre me estás llegando Aunque sea imposible tener contigo una alegría serenada,                                                                               un odio serenado bajo la celeste estrellería de esta llanura te digo:                                Aquí está mi rebaño de versos con palomas,                                                                       mi templo de luna,                                                                                              mi sal,                                                                                                            mi lumbre,                                                                                                           y mi sombra. II              Desde el mismo momento en que subiste a mi caballo de sol,                      que te armaste con mis flechas de agua                                             y mi arco pulido en música de estrellas                                                       supe que sería más alegre mi soñar                                                                  y mis días serían más frondosos.   Desde el mismo momento que integraste mi sistema                                                                de planetas internos que te metiste entre los celajes que construye mi sangre supe que aunados en espiral de amor íbamos a navegar                                                                                 amada mía y que juntos íbamos a romper los calendarios y las distancias.   Desde el mismo momento que aprendí a volar para recoger las palabras que colgaban  de los árboles y me puse a estudiar el arte de los números                                               para aprender tu justa cifra supe que no quería otra cosa en la vida que abrazar tu tronco,           escuchar tu raíz, palpar tus piedras, acariciar tus cardos,                                                                 y oler tus rosas empolvadas. III Hay acaso un sendero por donde vayan mis pies que no me lleven siempre hacia las hojas y los pájaros                                                                         que hay en tus ojos.      Hay acaso en mis recuerdos alguna ternura mayor cuando en aquel crepúsculo, sin piedad, a la sombra de unos árboles                                           arrugados de siglos, nos quemamos las bocas.   Hay acaso otra posibilidad de que el viento pueda tener algo más bello                                                                                             que esos poemas que son tus cabellos sueltos con los cuales juegan mis manos.   Uno siente mi amor, que eres la tierra olorosa, la tierra fresca y blanda y que estás hecha, quizás como ninguna otra                                                                 para las flores y las lluvias.   Cómo puedo arrepentirme, cómo puedo arrepentirme, amada mía de que mi suerte esté echada, que mi suerte siempre se decida                                                                   en los tréboles blancos de tu pecho.  
  • “Sur”. Autor. Juan González Repiso

SUR

Interminable ribete de arena blanca,

mar de pinos, humedad de marisma, puerta del mar,

cormoranes y gaviotas arañando un cielo de matices rosados,

celeste migración de ruidosas auroras.

Despedida de barcos por la bocana,

luces que se ocultan hacia el poniente infinito,

silencio, susurros, madrugada estrellada.

Ancla y red de almadraba rendida,

marineros colombinos caboteando tus siluetas,

altas carabelas de velas marineras,

mesana, mayor y trinquete,

mascarón valiente, jarcias y obenque tensos,

cascos tallados con tus maderas centenarias.

Noches estrelladas, astros escurridizos

y, al ocaso, tu luna salada, que es tuya.

Ajetreo inagotable de olas y destellos, espuma y agua,

dunas doradas, aromas de enebros y sabinas,

garzas vigilantes, inquietud de flamencos,

espátulas que te eligen en su viaje hacia el sol.

Escaramuzas con invasores y piratas,

calas profundas de aguas cristalinas,

puertos al abrigo del viento antagonista,

sinfonía multicolor de cascos, boyas y banderolas.

Torre vigía, piedra ancestral de frontera,

húmedo aroma de bodega.

Después de la tempestad, la calma,00

reflejos de luz al amanecer, el sur.